MISERERE MEI
La propuesta de hoy tiene que ver con la Semana Santa, Miserere Mei es una de las mejores músicas que he oído. Es de Allegri, la compuso para ser cantada solamente en la Capilla Sixtina, el miércoles y viernes de Semana Santa a la hora de Maitines. Cuenta la leyenda que Mozart la oyó una vez y fue capaz de transcribirla de nuevo. Os dejo la letra y la versión del King´s College que es una maravilla.
TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí.
A ti, á ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y será limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
Hazme oir gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.
Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán á ti.
Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Haz bien con tu benevolencia á Sión: Edifica los muros de Jerusalen.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.[2]
TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí.
A ti, á ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y será limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
Hazme oir gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.
Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán á ti.
Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Haz bien con tu benevolencia á Sión: Edifica los muros de Jerusalen.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.[2]
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